JULIO
VALDEZ Haciendo provecho de una visita a su estudio surgió la siguiente entrevista que transcribimos a continuación: JB.- Sabemos que te apasiona el rostro humano. Como ventana de lo personal, otros dirían del alma, comenzaste contigo mismo, hace un tiempo en tu vida ya remoto. ¿Qué ha sido el retrato para ti? Nada más fascinante y común que el rostro y el cuerpo humano. Ciertamente, partí desde mi propio rostro, pero al fijar la visión a través de esta ventana, me di cuenta que no existo en un vacío, que soy parte de la cultura dada en un tiempo y espacio. Así que podría decir que el retrato, o más aún, el autorretrato, ha sido y continúa siendo mi punto de partida y de llegada para explorar el tema mayor de la Identidad en mi obra. Esta exploración ocurre simultáneamente a dos niveles: el formal y el conceptual. A nivel formal, mi interés en la forma humana, las transparencias y los símbolos, me ha conducido a ir más allá del parecido, obviando los atributos físicos y explorando la noción de identidad personal en el contexto de mis raíces culturales. El parecido, como concepto, tiene sus límites en el retrato. Así, mis autorretratos son más emblemáticos que de representación de la individualidad. Como una suerte de radiografía espiritual y afectiva. No procuro ningún "discurso" o narrativa, ninguna agenda política. Así surge mi declaración de principios del "Ser Caribe" con las series "Hombre Isla" y "Autorretrato Dominicano". Sin embargo, intento asumir al ser humano más allá de las etiquetas de nacionalidad, raza o género, y nunca olvido que cuando digo "Identidad" lo hago desde mi centro hacia fuera, no desde lo externo o cultural hacia lo interno o personal. Aunque aquí cabría recordar el proverbio chino de que lo de afuera es tan importante como lo de adentro. Este concepto dentro-fuera es sumamente importante, a nivel formal, en las artes visuales. JB.- Pero también el paisajismo desde su vertiente más subjetiva, un abstraccionismo a veces gestual, otras que se nos antoja dentro de valores estrictamente actuales como impresionista; jamás figurativo y siempre, estrictamente emocional. ¿Es la exploración de otro rostro, la búsqueda de una expresión de cara a la totalidad? Podríamos decir que sí. Es que el paisaje es parte ineludible de "lo de afuera" y no tengo dudas de que de una u otra manera moldea "lo de adentro". En el contexto caribeño, mis "paisajes" son, como dices, otro rostro que asumo, que internalizo y exploro tanto desde el punto de vista geográfico como afectivo. Además me gusta coquetear con la idea costumbrista del paisaje en el contexto nuestro. Nunca olvidaré la reacción de un visitante a mi primera exposición individual "Aire Fresco". El tipo llega al Instituto Dominicano de Cultura Hispánica, hoy Centro Cultural de España, y me dice que el vino a ver la exposición de paisajes que mencionaron en el periódico. Bueno, yo lo invito a pasar y como a los diez o quince minutos, el visitante regresa con el ceño fruncido y me dice: "Perdóneme, ¿pero usted está seguro que esta es la exposición? Es que tanto el retrato como el paisaje son géneros "tradicionales" por excelencia, es decir, que cuentan con una larga tradición de ejercicio. Sin embargo, estos han sido los géneros que más han afirmado la noción de individualidad, la identidad de los creadores. Creo que el extremo de esta paradoja está en la pintura China de paisajes, donde el artista manifiesta su individualidad mientras más fiel es a la tradición. Si reflexionamos un momento sobre esto, nos daremos cuenta de que no es coincidencia que ambos géneros hayan sido el terreno desde donde los grandes avances de la expresión artística hayan florecido. Sólo basta recordar a Corot, Turner, Cézanne, los impresionistas y post-impresionistas, el Cubismo, en fin, los ejemplos serían interminables. Alberto Giacometti realizó toda su obra dentro del género del retrato y la figura humana. En el arte contemporáneo y la fotografía, ambos géneros siguen siendo el terreno predilecto. JB.- En tus texturas primero se advierte la paulatina conquista de un modo que nos lleva a tu punto de vista en donde la riqueza delirante del color se esconde con un velo de sobriedad por completo ilusoria. ¿Es la magia del cosmos visto desde el cosmos? ¿un cosmos que sólo puede existir a partir del pensamiento y hacia el pensamiento? De entrada, el color es una ilusión, desde el punto de vista físico. Químicamente, el color es y viene de la materia. Entonces, el artista tiene que pensar-haciendo, tratando de "materializar" lo intangible a través de la comunión con los materiales. El reto está en hacer la ilusión rica en significados y transparente en su verdad. La ciencia, nuestro Dios moderno, y sobre todo los recientes avances en la investigación genética, nos confirman que todo es "casi" una sola cosa. Los seres humanos compartimos un 99% de similitud, sin distinción de razas, en nuestra composición genética con los demás organismos vivientes. Yo me pregunto si ese 1% que nos diferencia de los demás seres vivos, será el pensamiento, la capacidad de juicio, el libre albedrío o voluntad. Albert Einstein, uno de mis héroes, decía que sólo quería conocer el pensamiento de Dios, que lo demás eran sólo detalles. Tanto para el científico como para el artista creador, el pensamiento es hacer, crear. O sea, que somos co-creadores con Dios y estamos constantemente dándole vida al génesis. JB.- Tu simbología en principio es escueta, advirtiéndose apenas la exploración exhaustiva de algunos motivos trascendentes, rasgos que nacen como contornos fantasmales de la misma luz, atrapados y sin peso en la euforia y la vida de esa luz, las ideas que se desprenden de un plano que es una totalidad, un bloque que contiene las dimensiones posibles de un tiempo y un espacio dominado por una voluntad imprecisa. ¿Podrías hablarnos del valor conceptual de estos motivos? ¿cuándo recurres a tu Mayoyo, cuándo planteas la silueta humana o sea el sentido gráfico del territorio del animal humano? Naturalmente,
mi interés en los mitos de creación de los indígenas
taínos, dio vida al planteamiento de Mayoyo, el ser mitológico
que protege nuestros frutos en las noches. Que no hace daño,
pero asusta. Cualquier planteamiento desde el punto de vista mitológico
estaría en la frontera entre el retrato genérico, es decir,
retratos que se refieren a seres o individuos específicos, cuyas
facciones físicas están estandarizadas, y el retrato emblemático,
el cual no depende necesariamente de la representación de la
forma humana o de rasgos faciales. De nuevo, a nivel conceptual, estoy
retomando una larga tradición mitológica y "dominicanizándola".
Otras versiones de este concepto son la Ciguapa y las Vampiras, que
han sido exploradas por Oviedo, Guadalupe y Luis Díaz en la música.
También el Bacá, con las notables exploraciones de Ada
Balcácer. Ahora
bien, el planteamiento de la forma humana a partir de la silueta, no
sólo hace referencia al mito del origen de la pintura representativa,
sino que también me permite moverme a mi antojo dentro de la
"institución" de la pintura. Además, el proceso
de realización, proyectando mi sombra para fijar mi silueta pintando
directamente con mis manos en la tela, le dio un sentido "abierto"
a la imagen, es decir, a esa proyección de mi figura. Este formato
de trabajo resultó rico en posibilidades, dándome la oportunidad
de plantear una lectura cultural del individuo, liberándome del
asunto del parecido y al mismo tiempo jugar de nuevo con la idea de
la imagen y semejanza del génesis. Bueno, es mi intento de averiguar si "lo de adentro" y "lo de afuera" es realmente lo mismo, o parte de lo mismo. Desde el punto de vista científico y tecnológico, la única manera de saber cómo funcionan las cosas es desarmándolas, escudriñando en su interior. Eso ha sido como una ley para las ciencias médicas y para el estudio de la anatomía artística. Pero ese deseo de desmenuzar y recomponer ha permeado prácticamente toda la producción artística del hombre moderno, desde el cubismo para acá. Mi referencia más inmediata tiene mucho que ver, repito, con los avances en la investigación genética y mi interés en la biología y las ciencias naturales. En el principio de que todo es una sola cosa. JB.- Está el tema de la dominicanidad dentro del contexto de una emigración que muchos quieren que sea diáspora, situada específicamente en los Estados Unidos, adonde vives. ¿Qué es lo dominicano, su insularidad y su presencia como semilla que germina sin término en el horizonte de un mundo ajeno? Hay que entender que tú aportas, que tú presentas una definición. Sin embargo, no doy conclusiones. El tema de la dominicanidad en mi obra está íntimamente ligado al de la identidad artística, humana. Nunca me ha interesado abordarlo deliberadamente, con un punto de vista político o nacionalista. Después de todo, ¿Qué es "lo dominicano"? Siento que los intentos por "definir" o "re-presentar" la cultura dominicana desde las artes visuales, siempre se han hecho desde el patio, desde la calle, es decir, desde afuera hacia fuera. Es el gran problema del costumbrismo, que se basa en el tema, y esto inmediatamente limita el potencial creativo del artista. Las imágenes se reducen a estampas y la relación Yo-Tú con el público es pasiva, inexistente. El principio del génesis queda excluido. A nuestros grandes artistas precursores les tocó bregar con la asimilación de las técnicas modernistas. Y la asimilaron bastante bien, pero técnicas son técnicas. No se dijo mucho con ellas. No hubo ninguna declaración de principios, ningún postulado o estudio profundo de los diferentes aspectos que conforman eso que llamamos "lo dominicano". Ahí radica la importancia de la obra de los maestros Ada Balcácer y Ramón Oviedo. Ellos han explorado constantemente la identidad personal y por tanto, la dominicana, en el tiempo-espacio. Oviedo a 300.000 kilómetros por segundos y Ada desde el Jardín. Ambos han creado una obra rica, viva, que se rehace con cada mirada. Ahora bien, en mi caso, las circunstancias personales como alguien que ha vivido dentro y ahora vive fuera de la isla, me permiten continuar explorándome, construyéndome, con mayor agudeza de percepción. Los horizontes se ensancharon. Así, el drama social de las migraciones y el exilio en El Caribe, también se filtran desde mi centro. Mi serie de "Vistas Panorámicas", por ejemplo, esta motivada por mis visiones fragmentadas de los paisajes de la isla desde las ventanillas de los aviones cuando viajo de aquí para allá. Aquí, el concepto de dentro-fuera se hace literal, al igual que en mi nueva serie "La Isla y El Continente", que es un homenaje al coraje, a la noción de esperanza y sacrificio de nuestro pueblo dominicano más allá de los límites de la isla-cuerpo. En ambas series, la referencia cartográfica es parte importante de la simbología. Pero de nuevo, el tema central es el ser humano que carga consigo una realidad dual; la isleña y la cosmopolita. JB.- ¿Podrías abundarnos sobre el sentido mítico de tus símbolos como, por decir: el lagarto, el corazón, el barco de papel, la espina, el feto y la flor? En un sentido más amplio, mi obra se nutre tanto de la naturaleza animal y vegetal, como de la humana. Los aspectos culturales y míticos son como una envoltura, como los hilos que cosen el todo. Entonces, selecciono pocos hilos, pero bien fuertes, si se quiere de nylon o algo más resistente, ¡que aguanten de todo! El lagarto, junto al murciélago, es uno de los símbolos más representados por nuestra cultura Taína, además es una especie fundamental de nuestra fauna. Pero ambos tienen también otros significados a través de la tradición pictórica occidental. Generalmente, mis símbolos tienen una lectura cultural específica y otra más amplia, humanista. El barco de papel hace referencia a las travesías físicas y emocionales de nuestro pueblo, con el drama de los viajes ilegales. Pero también a la niñez y a la fragilidad de la memoria. Después, todos los demás símbolos, la espina, la flor, el niño-conciencia por nacer, hacen referencia a la noción de sacrificio, de esperanza, a la toma de conciencia. Como bien sabes, todo esto es alimentado y tamizado por la poesía, que es una especie de base espiritual en mi obra. JB.- ¿Podrías contarnos algo de ese porvenir que levanta su fantasma ante tus ojos, de ese porvenir que es tu porvenir y que quieres alcanzar? Pues como ya sabes, actualmente y durante dos o tres meses más, el cartel "Latido" que me comisionó la Autoridad Metropolitana de Tránsito se encuentra colocado en la mayoría de las estaciones de trenes de Nueva York. En estos momentos, estoy trabajando en nuevos grabados de gran formato, en la revolucionaria técnica del Solarplate, con la cual se pueden hacer intaglios sin usar ácidos para grabar las planchas. También en la técnica de Seda Aquatinta, que vengo trabajando desde hace diez años. Con obras en estas técnicas estaré participando en Mayo en la Bienal Internacional de Grabado de Varna, Bulgaria, y en la Bienal de Grabado La Joven Estampa, en La Habana, Cuba. El 25 de Julio se inaugura mi exposición individual en el Museo de Arte de las Américas, Organización de Estados Americanos (OEA), Washington, DC. Además de otras exposiciones individuales en galerías aquí en Nueva York y en octubre en Panamá. Todo esto, dentro de mi agenda docente que sabes mantengo con varios museos e instituciones.
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