En la región del Caribe, las aguas circundantes del océano Atlántico y el mar Caribe crean una sensación de luz y espacio que son como una bendición y una maldición a la vez. Las mísmas aguas hermosas y cristalinas que los turistas disfrutan como una ilusión de paraiso y de libertad, son las que tambien crean una especie de “prisión natural”, una fuente de sufrimiento, dolor y muerte para muchos nativos que, esperando mejorar su situación personal, arriesgan sus vidas lanzandose al mar para salir de la isla en frágiles embarcaciones. En mi obra reciente, estoy interesado en reflejar esa dualidad emocional y sicológica y crear una incertidumbre espacial, un sentido del tiempo todavia sin definir.

Julio Valdez

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